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Las siete vidas del gato

¿Por qué decimos que los gatos tienen siete vidas?
En la mayoría de las culturas, se atribuye a los gatos una gran
capacidad de supervivencia, y por ello existen muchos dichos populares relacionados con ello, como el del título de nuestro artículo o ‘los gatos tienen siete vidas’ -nueve en las culturas anglosajonas-; o ’tener más vidas que un gato’.

 

El número siete, en muchas culturas, está asociado a la suerte. Además, los antiguos egipcios tenían la creencia de que los gatos podían reencarnarse varias veces, y que tras la séptima reencarnación pasaban a ser una persona. Sin embargo, al margen de las leyendas o creencias, es interesante saber que existe una base científica para ellas y que establece que la clave está en las particularidades anatómicas y biológicas que presenta esta especie.

¿Por qué se caen los gatos?

 

A menudo, las personas que tienen gato en casa, pasan por la experiencia de que éste cae por la ventana. El gato es un animal sumamente ágil, con una gran capacidad visual y muchos reflejos que en su ambiente natural domina las tres dimensiones del espacio. Para alimentarse y sobrevivir se ve obligado a capturar animales voladores y trepadores y debe subir a los árboles y saltar para atraparlos. Este instinto persiste en los gatos que viven en cautividad, y cuando detectan un insecto o un pájaro desde una ventana, a veces el instinto puede más que ellos y saltan para intentar atraparlos... por lo que pueden caer al vacío.

¿Por qué a veces los gatos no se hacen daño al caer?

 

El daño que puede hacerse un gato al caer depende de varios factores: su tamaño y su reducido peso; su desarrollado sentido del equilibrio pero, sobre todo, de la altura desde la que cae -es decir, de la distancia entre el punto de caída y el suelo-.

Los gatos que caen de alturas no muy grandes, suelen sufrir graves lesiones como traumatismos torácicos o craneales, hemorragias internas e incluso pueden morir. Cuanto mayor es la altura, menos lesiones suele sufrir el gato -fracturas de alguna extremidad o a veces, ni siquiera eso-. Existen estadísticas que demuestran que las caídas de gatos de edificios por encima del piso número siete solo producen un 5% de mortalidad, frente a un 10% entre los pisos 1 y 6.

Esto se debe a que el gato tiene una capacidad instintiva de caer sobre sus cuatro patas sea cual sea su posición inicial de caída. Su cuerpo tiene un momento angular de valor cero, que significa que la fuerza de la gravedad actúa sobre el centro de su masa. En otras palabras, el peso de su cuerpo está distribuido de forma simétrica y armónica de tal manera que el centro de gravedad coincide con el centro geométrico de su cuerpo. Esto le permite restituir su posición fisiológica durante el proceso de caída, cosa que no pueden hacer la mayoría de los animales y, por supuesto, tampoco las personas.

El gato puede girar su cuerpo en la dirección que considera más conveniente para conseguir la posición correcta, estirando o encogiendo las patas y el cuello para ajustar su postura, como lo haría un paracaidista para controlar su paracaídas. Además, extendiendo su cuerpo al máximo en el espacio, consigue reducir la velocidad de caída y ganar más tiempo para situarse correctamente. Para hacerse una idea, un ser humano cae en el vacío a 130 metros por hora, mientras que el gato puede reducir esa velocidad con su colocación a 60 metros por hora. Al caer sobre sus cuatro patas, el impacto de la caída se reparte y es absorbido por ellas, que además coloca flexionadas, lo que reduce los daños en huesos, músculos y articulaciones.

Otras capacidades del gato para la supervivencia

 

Existen otras razones que hacen que los gatos sean una especie con gran capacidad para la supervivencia. Muchas están relacionadas con su forma de vivir en la naturaleza. El gato, como casi todos los felinos conocidos, es un animal solitario en el ambiente salvaje y para poder sobrevivir solo puede contar consigo mismo. Aunque también se adaptan a la vida en grupo con otros animales de su misma especie o de otras siempre que haya recursos suficientes para todos, lo que da una idea de su gran inteligencia.

 Se ocupan de su propia higiene desde pequeños y siempre procuran orinar y defecar lejos de su agua, su comida y su zona de descanso. Tienen muy desarrollados todos los órganos relacionados con los sentidos; en especial la vista, pero también el olfato, el oído y el sentido del equilibrio.

La evolución los ha hecho precavidos a la hora de alimentarse, de moverse y de enfrentarse a los peligros o a otros animales, de forma que raramente sufren intoxicaciones o accidentes. Además, no pierden su instinto predatorio en ningún momento, de manera que tengan alimento a su alcance siempre. Por eso, en cautividad, se alimentan muchas veces al día en pequeñas cantidades y suelen dejar algo de comida en el plato para más tarde.

Puede sobrevivir con muy pequeñas cantidades de agua, ya que sus riñones tienen una extraordinaria capacidad para concentrar la orina, es decir, para retener agua en su cuerpo.

Sus cuerpos atléticos y equilibrados les hacen menos propensos que a otros animales a sufrir problemas articulares degenerativos y cardiacos.

Tienen una gran capacidad de cicatrización y un sistema inmunitario muy competente de forma que a menudo se recuperan por sí mismos de heridas e infecciones leves.

 

De todas maneras, y precisamente por la resistencia de los gatos a sufrir accidentes y enfermedades, debemos siempre prestar atención a su actitud y observar si come, si defeca y si orina con normalidad. Además, por su carácter solitario y su instinto de autodefensa, el gato tiende a ocultar los síntomas de enfermedad para no mostrarse débil ante sus depredadores o rivales en la naturaleza, así que seguirá ese mismo instinto aún siendo un gato doméstico. Por ello, cuando notemos alguna alteración en su comportamiento o bien señales de enfermedad, debemos consultar lo antes posible con el veterinario.