Por norma general, la diferencia entre macho y hembra estriba, en las razas caninas, en varios aspectos que también se han de valorar. Por ejemplo, si se desea tener una camada de cachorros en un futuro o buscamos una mascota con mayor instinto de independencia. En este punto se ha de destacar que, por norma general, el macho es más independiente que la hembra; y ese instinto también aumenta las posibilidades de fuga pues, sobre todo, si olfatea a una hembra en celo puede ignorar nuestras órdenes y seguir su impulso.
Por otro lado, la hembra suele ser más familiar, y estar más unida a la casa y a sus dueños. Sin embargo, a menos que sea esterilizada, tendrá periodos de celo semestrales y, si no se quiere que se aparee, necesita una estrecha vigilancia para evitarlo. El celo conlleva otro inconveniente que puede resultar incómodo, y es que la perra, en este periodo, pierde sangre durante unos 14 días. Además, debido al característico sistema hormonal de la especie canina, los elevados niveles de progesterona tras el celo provocan en las perras síntomas similares a la gestación que pueden ser incómodos para el animal y para sus propietarios -los mal llamados 'embarazos psicológicos'-. Hacer criar a una perra puede ser una experiencia muy especial pero también hay que tener en cuenta cual va a ser el futuro de las crías.
Teniendo en cuenta estos dos aspectos, la elección del sexo es una cuestión subjetiva. Si el nivel de actividad de la familia es bajo y el deseo tranquilidad y serenidad en la vivienda es igual al de tener una mascota… estos condicionantes pueden inclinar la balanza hacia una hembra. Estas también suelen estar más indicadas para convivir con personas de edad avanzada. En cambio, si se desea un compañero de juegos muy activo y voluntarioso siempre dispuesto a la acción lo más probable es que la decisión recaiga en la elección de un macho.
En cualquier caso, la decisión de aumentar la familia con un can conlleva la asunción de las consecuentes responsabilidades y, la primera de ellas, es que ha de permanecer a nuestro lado durante el tiempo que dure su vida. La esperanza media de vida de un perro es de unos 12 años; también y hay que tener en cuenta sus necesidades y su educación.
En primer lugar, un perro necesita que le dediquemos parte de nuestro tiempo diario: necesita salir a pasear varias veces al día, momento en que aprovechará para hacer sus necesidades. No puede quedarse solo en casa durante días… y sus rutinas pueden interferir en nuestro modo de vida pues, por ejemplo, si tenemos la costumbre de viajar es posible que muchos establecimientos no acepten contar con un animal entre sus huéspedes.
También hay que tener en cuenta el espacio que podremos proporcionar a nuestra mascota, si la climatología es la idónea para la raza y, por supuesto, el espacio de que disponemos. El espacio que necesita un perro de tamaño grande como un Terranova no es el mismo que requiere un caniche o un Schnauzer miniatura. También hay que valorar el tamaño de la mascota a la hora de viajar para proporcionarle el equipamiento adecuado y que pueda hacerlo con comodidad y, sobre todo, con seguridad.
La información, por tanto, es la base para que la convivencia sea posible. La falta de conocimiento sobre las necesidades de un perro y la educación que requiere puede llegar a convertirse en causa de abandono. Elegir un animal por razones estéticas es una decisión poco acertada y también lo es no tener en cuenta las necesidades vitales del animal. Por ejemplo, un perro pastor o uno de caza necesitará hacer ejercicio y contar con estímulos mentales para que se mantenga activo y vital. Un Bichon maltés o un Bulldog francés, en cambio, se sentirá feliz solo con la compañía de su dueño.

